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miércoles, 10 de febrero de 2016

AMOR ESQUIZOFRÉNICO

En medio de risas, papeles y un gran espacio verde se encontraba Lía, una joven mujer que está por culminar su ciclo universitario. Lía se encuentra acostada en el suave césped de un parque al norte de Quito, ahí sus amigas realizan uno de los trabajos finales, la joven mujer se encuentra exhausta por la cantidad de trabajos que ha presentado y tiene que presentar para el fin de semestre.

Antes de que sus amigas la despierten Lía comienza a sentir en su mente el aroma de ese hombre. Aquel chico que siempre aparece y desaparece de sus sueños.

Hasta que se sumergió en aquel sueño que en muchas ocasiones le provocó el llanto, por las diferentes sensaciones que despertaban por su mente.  Esta linda mujer de ojos chinos, estaba ahí abrazando a su misterioso joven,  los puños de esta mujer desvanecida en pasión y dolor se tornaban fuertes y demostraban toda la energía que tenia en su mente y alma. Sus labios rosaban su mejilla izquierda mientras le respiraba con cautela su oreja. Aquel caballero jamás dejó mostrar su rostro. Lía tenia un objetivo, llegar a sus labios y mirar su rostro, mientras Lía espaciosamente desplazaba sus rojos y carnosos labios hacia su boca, él también comenzó  a seguirle el juego y viró su rostro lentamente hasta que sus labios se encontraron, cuando Lía abría sus ojos, para ver a tan anhelado sujeto,  un grito ensordecedor y una luz segadora se hicieron presente en la mente de aquella cansada mujer.

Era su amiga

-          Lía, Lía vamos mija levántate, recuerda que eres tu la que tiene que realizar el trabajo de campo en la Basílica, vamos Lía ya despierta. 

Lía un tanto molesta y sorprendida tomó su destino.

Ya en una de las puertas principales de la majestuosa Basílica se encontraba Lía observando cada rasgo y detalle de aquel lugar, sus ojos claros y cafés denotaban mucha concentración.  Mientras comenzaba a tener esas sensaciones de duda, malestar, felicidad, tristeza, eran los mismos sentimientos que tomaban su mente cuando dormía y soñaba en aquel personaje misterioso.  

De repente, Lía sintió un viento en su espalda y parte de su lado izquierdo del cuello. Ella giró su cabeza lentamente para mirar si alguien se encontraba tras ella. No había nadie nada más el gran patio trasero de aquella Iglesia. Observo el otro lado y tampoco había nadie, suspiro un momento mientras cerraba los ojos. Otro viento brusco en su cuerpo y su piel se erizaba de temor y preocupación. De inmediato giró su cabeza a lado derecho, ahí se encontraba un chico con la mirada perdida sentado tranquilo, sin apuro, sin prisa solo viendo un punto.

Lía lo miró con mucha atención y en su mente se preguntó, será aquel hombre de mis sueños pasajeros. Regresó a mirar el portón que analizaba, regreso su vista nuevamente hasta aquel misterioso sujeto, y ahora él ya no presentaba ningún rastro.

Lía se preguntaba si fue un lapsus mental, o su mente estaba en otro lugar, se giro por completo y estaba él caminando lentamente y subiendo unas antiguas escaleras de piedra, Lía no pudo resistir esa sensación de intriga y se dispuso a seguirlo, hasta que llegaron a una esquina de la intemperie en donde se mostraba una rancia puerta ahí se detuvo aquel misterioso chico, Lía se mostraba impávida. Se quedaron varios segundos quietos. Él frente aquella puerta frío y estático y Lía tras de él intentando decir algo.     

Su brazo se lleno de decisión y lo levanto para sentir su hombro, lentamente lo toco y le dijo.

-          Te conozco, te he visto en algún lado, a lo que el solo regresa a ver y le dice. Sí. Soy yo.
Juntos bajaron hasta un bar en plena luz del sol, charlaron hasta cansarse, era como que se conocían de años.

Lía menciona.

-           Que hacías aquí, porque te mostraste tan misterioso, como te llamas, aquel intrigante ser humano le dijo.
-             Mi nombre es Josué y disculpa esa es mi manera de ser, de estar, de existir, más no de vivir, miro a las personas como pierden el tiempo, como intentan de ganarle al tiempo, corriendo, peleando, yo solo me mantengo aquí, y ya. Se pronunció Josué.

Mientras su charla reflejaba el entorno cálido y caluroso. Lía le dice.

-          Te vas, él responde  -  sí. Y cuando nos volveremos a ver, yo te quiero ver una vez más menciona con angustia Lía. Él le menciona. -  Toma mi número llámame cuando desees, y ahí estaré, fue un gusto el conocerte, finalizó aquel joven llamado Josué.                

Mientras lía lo veía partir sus amigas cruzaban el camino con aquel hombre que siempre soñó, Lía se sorprendió y mientras las saludaba, les dijo, lo vieron sus amigas intrigadas mencionaron a quién. Ella dijo a Josué, él estaba junto a ustedes mientras se marcho. Lo vi, no solo era un sueño, recuerdan de aquel muchacho que apareció en mis sueños lo vi, hable con él, lo abrase., lo sentí y saben que es lo mejor que nos volveremos  a ver puntualizó Lía con una mirada tierna y llena de ilusión.   
   
Sus amigas solo la acompañaron en su felicidad, mientras continuaban platicando sobre su tema de investigación para la universidad y sobre aquel Josué.

Lía llega a su hogar se recuesta en su cama y cierra los ojos. Esa noche no lo soñó, al día siguiente, salía apresurada de su clase hacia su casa, debía almorzar y marcharse a continuar con las tareas de la academia, cuando de repente una vez más apareció Josué, su suspiro se sintió de la nada, como de la nada apareció su tierno y eterno hombre.

Lía se acercó a él de inmediato y le dijo.

-          Te estado llamando como no tienes idea, él respondió, no tengo mi celular mi Lía, se me a extraviado, que suerte la mía el encontrarte, pronunció él mientras su rostro no decía lo mismo. Ella respondió sabes me encantas mi sentir, mi mente se esta empezando a bloquear porque no te encuentro en mi espacio, necesito de ti para tener oxígenos en mis pulmones. Tu rostro, tus ojos tus brazos, tu cuerpo me encantan, eres único eres lo que e soñado toda mi vida, no me importa de donde saliste, quien eres solo se que estas aquí y tengo que quedarme junto a ti para siempre.       

Josué no sentía bien con tantas palabras de cariño y afecto hacia él. Y le dijo.

-          Lía espera , tu no entiendes, tu a mi me gustas y mucho me pareces linda hermosa, tus palabras me enamoran, siempre he pensado en una chica que me diga y me trate de tal manera, es impresionante como tu y yo nos miramos y conversamos como que nos conocemos tanto tiempo, pero precisamente ese es mi temor, mira Lía yo tengo un problema, tengo una enfermedad, soy un joven que sufre de esquizofrenia, y tengo miedo de que seas una de esas cosas que pasan por mi cabeza, no se si eres real, o simplemente eres producto de mi imaginación, de la alteración de mis neuronas. Yo se que para ti puede ser absurdo, pero me e tratado con muchas personas, y tengo que vivir con esto. Perdóname pero no estaría seguro de si eres tú o eres mi mente nada más.

Antes de que Josué siga explicando a Lía el porque de su actitud, y forma de ser ella grito mirándolo a los ojos.

-          No! Yo soy real mírame siénteme, tócame, huele mi aroma, esa soy yo no te alejes de mi yo te demostrare que soy real, que tu eres real, que nuestro sentir, ese cariño que siento por ti es más real que las palabras que te estoy diciendo, puntualizó la joven ya enamorada y desesperada, mientras lo besaba con dolor y melancolía.  
       
Mientras caminaban se sentaron en la banca de un parque al sur de Quito, cuando conversaban, Lía recibió una llamada.

 – Espérame, le dijo a Josué, era su padre, Lía de inmediato respondió y le dijo que le habla más tarde que estaba un poco ocupada y que esta bien que no se preocupe que ya va a la casa. Colgó de inmediato, mientras apareció una de sus compañeras de clases. 

Alexandra, hola!, ven, ven, estoy con Josué, te acuerdas de él, su amiga respondió con una sonrisa burlona, sí el chico de tus sueñas. Lía dijo sí, ven. Cuando ellas dieron la vuelta para saludar al misterioso joven, él ya no estaba ahí, él ya no estaba.
     
Lía regresó a su casa consternada y triste porque no pudo despedirse con Josué, pero tenia la fe que lo iba a volver a ver. Se recostó en su cama y pensó eternamente en su rostro.
Mientras tanto Alexandra se había reunido con sus compañeras de la universidad.

Ya en la puerta de la casa donde estaban reunidas, Alexandra dijo.

-          Muchachas yo estoy preocupada por Lía, ellas respondieron, porqué. Alexandra les contó lo ocurrido en el parque. “Ahí no había nadie y ella me dijo que él estaba ahí, Lía estaba muy rara. Además yo converse con la señora del bar, en donde nos encontramos para culminar nuestro trabajo y la señora que atiende me consultó por Lía, me dijo si ella estaba bien, porque antes de que vayamos ella estaba hablando sola. 

Inmediatamente  sus amigas llamaron a Lía por el celular querían hablar lo más rápidos posible con ella.   

Minutos antes Lía seguía acostada en su cuarto ya era de noche y el frio era intenso en el sur de la Capital ecuatoriana. Ella estaba relajada casi dormida, cuando escuchó que la puerta de su dormitorio se abrió bruscamente, Lía se levantó asustada y observó la puerta, era Josué, ella respiró, y sintió tranquilidad, le preguntó.

-          Como llegaste mi amor, que haces aquí, él respondió
-          Me vengo a despedir mi amada, mi amor eterno y platónico. Lía de una manera desesperada lo abrazo y se botó a sus brazos diciéndole que no le diga eso, que es una mala broma, que él  no sabe lo que le dice.

Josué le dijo:  No se si eres tú o soy yo, no debo estar aquí, siento que este sentimiento será eterno y no quiero que eterno sea nuestro sufrimiento.

Mientras Josué miraba los ojos destrozados de su amada Lía, recordaron en un solo instante, los momentos fugases que pasaron en una sola semana de pasión, no solo la plática en el bar o el encuentro en la Bacílica, o los encuentros inesperados en los parques de Quito, su amor y pasión habían llegado a un nivel tan privilegiado que juntos había experimentado el placer de la vida en sus cuerpos.

Fue la noche anterior de su último encuentro, en el mismo lugar donde se encontraron por primera vez. Ella fue a visitarlo, lo tomó se su mano y solo y sin decirle nada corrieron hacia las gradas fúnebres y antiguas de la majestuosa Bacílica. Con temor y nervios subían juntos, cada peldaño, mientras los extranjeros bajaban después de conocer uno de sus lugares favoritos.

Ya casi cerca de una de las torres antes de subir las gradas más empinadas, Lía se detuvo, miró a Josué y suspirando le dijo…

Te amo.

Él cerró los ojos y la besó, con sus dos manos acariciaba el rostro de Lía, mientras sentía sus lágrimas caer. Cuando los dos terminaron tan infinito y eterno beso, alzaron la mirada y en su entorno se respiraba el aire del atardecer quiteño, en medio de ellos la nostálgica caída del astro rey, y el semblante engrandecedor de la noche que los cobijaba desde ese instante.

Rápidamente Josué jaló de la mano a Lía, alguien venia, subieron la última torre. Y allí mientras el sol dejaba de existir entre el cielo capitalino, y la frescura de la noche ponían la pile de gallina  a estos dos locos enamorados, comenzaron a fundirse en besos, besos que quizás ni en otras vidas se sentirán tan dulces como en esa noche, en esa torre, y de bajo de centenares de gárgolas que adornan una de las iglesias más grandes de Ecuador. Como en la comodidad de uno de los mejores hoteles del mundo se acomodaron y se despojaron de todo lo que los cubría, contar o relatar que hicieron el amor sería una falta de respeto para su historia, se comieron vivos, se tocaron hasta el alma en besos que descubrieron lugares que jamás había encontrado en el perfecto cuerpo de un ser humano. Juntos eran el uno para el otro, se dieron cuenta lo diminuto que es el tiempo en un amor tan grande, se dieron cuenta que la vida tenía una razón de ser, y que no había nada más que importe, solo los dos, solo ella, él, sus labios y todo el placer del universo en un solo cuerpo.

Luego de recordar el momento más especial de su vida Lía lloraba.

Y le gritaba que por qué,

-          Por qué te alejas de mí, porque no quieres estar conmigo. Sí me sentiste esa noche en lo más alto,  soy real,  me tocaste te toqué, sentía tu cuerpo, sentía tus labios y tú los míos.                    
Josué con un suspiro profundo tomó sus manos y mirándola a los ojos le dijo:

Hoy me di cuenta que eres real, que mi enfermedad terminó y lo hice gracias a ti, mi esquizofrenia se fue y a ti te debo todo Lía.

Ella con un alivio repentino sonrió, aún con lágrimas en los ojos, pero con una fe inesperada y le respondió:

-          Lo sabía, sabía que ibas a recuperarte     
     
  Mientras ellos hablaban el celular de Lía empezó a sonar, eran sus amigas, Lía indignada de la vida y consternada tomo lentamente su celular,  con lágrimas en los ojos   y contestó.  Era su amiga. Lía comenzó a escucharla, y cada palabra que escuchaba  la sentía como mil puñaladas atravesando su cerebro mente y corazón.

Ella colgó y todo colapsó, lo miró frente a sus ojos, no por última vez, pero sí de esa manera.   
Lía comenzó a recordar y a sentir que aquel hombre que amo toda su vida fue producto de su imaginación, mientras lo veía frente a él abría la puerta de su cuarto y se marchaba. Lía cayo desplomada en su cuarto.   

Josué jamás existió fue su angustioso deseo de encontrar a amor de su vida, que su mente creo al amado Josué. Él no era quien padecía de esquizofrenia, era Lía quien la tenía, y él solo intentaba decírselo.


Hoy en día la hermosa Lía se encuentra en una sala del hospital San Lázaro junto algunos jóvenes con problemas mentales, de la linda mujer solo quedó el rastro, su cara cansada y acabada muestra el daño que le causo Josué un hombre que jamás paso por este mundo, solo por el mundo vivo de Lía, quien aun lo mira y conversa de su eterno pero imposible amor...           




FIN.



PAÚL LÓPEZ ENCALADA

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