En medio de risas,
papeles y un gran espacio verde se encontraba Lía, una joven mujer que está por
culminar su ciclo universitario. Lía se encuentra acostada en el suave césped
de un parque al norte de Quito, ahí sus amigas realizan uno de los trabajos
finales, la joven mujer se encuentra exhausta por la cantidad de trabajos que
ha presentado y tiene que presentar para el fin de semestre.
Antes de que sus amigas
la despierten Lía comienza a sentir en su mente el aroma de ese hombre. Aquel
chico que siempre aparece y desaparece de sus sueños.
Hasta que se sumergió
en aquel sueño que en muchas ocasiones le provocó el llanto, por las diferentes
sensaciones que despertaban por su mente.
Esta linda mujer de ojos chinos, estaba ahí abrazando a su misterioso
joven, los puños de esta mujer
desvanecida en pasión y dolor se tornaban fuertes y demostraban toda la energía
que tenia en su mente y alma. Sus labios rosaban su mejilla izquierda mientras
le respiraba con cautela su oreja. Aquel caballero jamás dejó mostrar su
rostro. Lía tenia un objetivo, llegar a sus labios y mirar su rostro, mientras
Lía espaciosamente desplazaba sus rojos y carnosos labios hacia su boca, él
también comenzó a seguirle el juego y
viró su rostro lentamente hasta que sus labios se encontraron, cuando Lía abría
sus ojos, para ver a tan anhelado sujeto, un grito ensordecedor y una luz segadora se
hicieron presente en la mente de aquella cansada mujer.
Era su amiga
-
Lía, Lía vamos mija levántate, recuerda
que eres tu la que tiene que realizar el trabajo de campo en la Basílica, vamos
Lía ya despierta.
Lía un tanto molesta y
sorprendida tomó su destino.
Ya en una de las
puertas principales de la majestuosa Basílica se encontraba Lía observando cada
rasgo y detalle de aquel lugar, sus ojos claros y cafés denotaban mucha
concentración. Mientras comenzaba a
tener esas sensaciones de duda, malestar, felicidad, tristeza, eran los mismos
sentimientos que tomaban su mente cuando dormía y soñaba en aquel personaje
misterioso.
De repente, Lía sintió
un viento en su espalda y parte de su lado izquierdo del cuello. Ella giró su
cabeza lentamente para mirar si alguien se encontraba tras ella. No había nadie
nada más el gran patio trasero de aquella Iglesia. Observo el otro lado y
tampoco había nadie, suspiro un momento mientras cerraba los ojos. Otro viento
brusco en su cuerpo y su piel se erizaba de temor y preocupación. De inmediato giró
su cabeza a lado derecho, ahí se encontraba un chico con la mirada perdida
sentado tranquilo, sin apuro, sin prisa solo viendo un punto.
Lía lo miró con mucha
atención y en su mente se preguntó, será aquel hombre de mis sueños pasajeros.
Regresó a mirar el portón que analizaba, regreso su vista nuevamente hasta
aquel misterioso sujeto, y ahora él ya no presentaba ningún rastro.
Lía se preguntaba si
fue un lapsus mental, o su mente estaba en otro lugar, se giro por completo y
estaba él caminando lentamente y subiendo unas antiguas escaleras de piedra,
Lía no pudo resistir esa sensación de intriga y se dispuso a seguirlo, hasta
que llegaron a una esquina de la intemperie en donde se mostraba una rancia
puerta ahí se detuvo aquel misterioso chico, Lía se mostraba impávida. Se
quedaron varios segundos quietos. Él frente aquella puerta frío y estático y
Lía tras de él intentando decir algo.
Su brazo se lleno de
decisión y lo levanto para sentir su hombro, lentamente lo toco y le dijo.
-
Te conozco, te he visto en algún lado, a
lo que el solo regresa a ver y le dice. Sí. Soy yo.
Juntos bajaron hasta un
bar en plena luz del sol, charlaron hasta cansarse, era como que se conocían de
años.
Lía menciona.
-
Que hacías aquí, porque te mostraste tan
misterioso, como te llamas, aquel intrigante ser humano le dijo.
-
Mi nombre es Josué y disculpa esa es mi
manera de ser, de estar, de existir, más no de vivir, miro a las personas como
pierden el tiempo, como intentan de ganarle al tiempo, corriendo, peleando, yo
solo me mantengo aquí, y ya. Se pronunció Josué.
Mientras su charla
reflejaba el entorno cálido y caluroso. Lía le dice.
-
Te vas, él responde - sí.
Y cuando nos volveremos a ver, yo te quiero ver una vez más menciona con
angustia Lía. Él le menciona. - Toma mi
número llámame cuando desees, y ahí estaré, fue un gusto el conocerte, finalizó
aquel joven llamado Josué.
Mientras lía lo veía
partir sus amigas cruzaban el camino con aquel hombre que siempre soñó, Lía se
sorprendió y mientras las saludaba, les dijo, lo vieron sus amigas intrigadas
mencionaron a quién. Ella dijo a Josué, él estaba junto a ustedes mientras se
marcho. Lo vi, no solo era un sueño, recuerdan de aquel muchacho que apareció
en mis sueños lo vi, hable con él, lo abrase., lo sentí y saben que es lo mejor
que nos volveremos a ver puntualizó Lía
con una mirada tierna y llena de ilusión.
Sus amigas solo la
acompañaron en su felicidad, mientras continuaban platicando sobre su tema de
investigación para la universidad y sobre aquel Josué.
Lía llega a su hogar se
recuesta en su cama y cierra los ojos. Esa noche no lo soñó, al día siguiente,
salía apresurada de su clase hacia su casa, debía almorzar y marcharse a
continuar con las tareas de la academia, cuando de repente una vez más apareció
Josué, su suspiro se sintió de la nada, como de la nada apareció su tierno y
eterno hombre.
Lía se acercó a él de
inmediato y le dijo.
-
Te estado llamando como no tienes idea,
él respondió, no tengo mi celular mi Lía, se me a extraviado, que suerte la mía
el encontrarte, pronunció él mientras su rostro no decía lo mismo. Ella
respondió sabes me encantas mi sentir, mi mente se esta empezando a bloquear
porque no te encuentro en mi espacio, necesito de ti para tener oxígenos en mis
pulmones. Tu rostro, tus ojos tus brazos, tu cuerpo me encantan, eres único
eres lo que e soñado toda mi vida, no me importa de donde saliste, quien eres
solo se que estas aquí y tengo que quedarme junto a ti para siempre.
Josué no sentía bien
con tantas palabras de cariño y afecto hacia él. Y le dijo.
-
Lía espera , tu no entiendes, tu a mi me
gustas y mucho me pareces linda hermosa, tus palabras me enamoran, siempre he
pensado en una chica que me diga y me trate de tal manera, es impresionante
como tu y yo nos miramos y conversamos como que nos conocemos tanto tiempo,
pero precisamente ese es mi temor, mira Lía yo tengo un problema, tengo una
enfermedad, soy un joven que sufre de esquizofrenia, y tengo miedo de que seas
una de esas cosas que pasan por mi cabeza, no se si eres real, o simplemente
eres producto de mi imaginación, de la alteración de mis neuronas. Yo se que
para ti puede ser absurdo, pero me e tratado con muchas personas, y tengo que
vivir con esto. Perdóname pero no estaría seguro de si eres tú o eres mi mente
nada más.
Antes de que Josué siga
explicando a Lía el porque de su actitud, y forma de ser ella grito mirándolo a
los ojos.
-
No! Yo soy real mírame siénteme, tócame,
huele mi aroma, esa soy yo no te alejes de mi yo te demostrare que soy real, que
tu eres real, que nuestro sentir, ese cariño que siento por ti es más real que
las palabras que te estoy diciendo, puntualizó la joven ya enamorada y
desesperada, mientras lo besaba con dolor y melancolía.
Mientras caminaban se
sentaron en la banca de un parque al sur de Quito, cuando conversaban, Lía
recibió una llamada.
– Espérame, le dijo a Josué, era su padre, Lía de
inmediato respondió y le dijo que le habla más tarde que estaba un poco ocupada
y que esta bien que no se preocupe que ya va a la casa. Colgó de inmediato,
mientras apareció una de sus compañeras de clases.
Alexandra, hola!, ven, ven,
estoy con Josué, te acuerdas de él, su amiga respondió con una sonrisa burlona,
sí el chico de tus sueñas. Lía dijo sí, ven. Cuando ellas dieron la vuelta para
saludar al misterioso joven, él ya no estaba ahí, él ya no estaba.
Lía
regresó a su casa consternada y triste porque no pudo despedirse con Josué,
pero tenia la fe que lo iba a volver a ver. Se recostó en su cama y pensó
eternamente en su rostro.
Mientras tanto
Alexandra se había reunido con sus compañeras de la universidad.
Ya en la puerta de la
casa donde estaban reunidas, Alexandra dijo.
-
Muchachas yo estoy preocupada por Lía,
ellas respondieron, porqué. Alexandra les contó lo ocurrido en el parque. “Ahí
no había nadie y ella me dijo que él estaba ahí, Lía estaba muy rara. Además yo
converse con la señora del bar, en donde nos encontramos para culminar nuestro
trabajo y la señora que atiende me consultó por Lía, me dijo si ella estaba bien,
porque antes de que vayamos ella estaba hablando sola.
Inmediatamente sus amigas llamaron a Lía por el celular
querían hablar lo más rápidos posible con ella.
Minutos
antes Lía seguía acostada en su cuarto ya era de noche y el frio era intenso en
el sur de la Capital ecuatoriana. Ella estaba relajada casi dormida, cuando
escuchó que la puerta de su dormitorio se abrió bruscamente, Lía se levantó
asustada y observó la puerta, era Josué, ella respiró, y sintió tranquilidad,
le preguntó.
-
Como llegaste mi amor, que haces aquí,
él respondió
-
Me vengo a despedir mi amada, mi amor
eterno y platónico. Lía de una manera desesperada lo abrazo y se botó a sus
brazos diciéndole que no le diga eso, que es una mala broma, que él no sabe lo que le dice.
Josué
le dijo: No se si eres tú o soy yo, no
debo estar aquí, siento que este sentimiento será eterno y no quiero que eterno
sea nuestro sufrimiento.
Mientras
Josué miraba los ojos destrozados de su amada Lía, recordaron en un solo instante,
los momentos fugases que pasaron en una sola semana de pasión, no solo la plática
en el bar o el encuentro en la Bacílica, o los encuentros inesperados en los
parques de Quito, su amor y pasión habían llegado a un nivel tan privilegiado que
juntos había experimentado el placer de la vida en sus cuerpos.
Fue
la noche anterior de su último encuentro, en el mismo lugar donde se encontraron
por primera vez. Ella fue a visitarlo, lo tomó se su mano y solo y sin decirle
nada corrieron hacia las gradas fúnebres y antiguas de la majestuosa Bacílica.
Con temor y nervios subían juntos, cada peldaño, mientras los extranjeros
bajaban después de conocer uno de sus lugares favoritos.
Ya
casi cerca de una de las torres antes de subir las gradas más empinadas, Lía se
detuvo, miró a Josué y suspirando le dijo…
Te
amo.
Él
cerró los ojos y la besó, con sus dos manos acariciaba el rostro de Lía,
mientras sentía sus lágrimas caer. Cuando los dos terminaron tan infinito y
eterno beso, alzaron la mirada y en su entorno se respiraba el aire del
atardecer quiteño, en medio de ellos la nostálgica caída del astro rey, y el
semblante engrandecedor de la noche que los cobijaba desde ese instante.
Rápidamente
Josué jaló de la mano a Lía, alguien venia, subieron la última torre. Y allí
mientras el sol dejaba de existir entre el cielo capitalino, y la frescura de
la noche ponían la pile de gallina a
estos dos locos enamorados, comenzaron a fundirse en besos, besos que quizás ni
en otras vidas se sentirán tan dulces como en esa noche, en esa torre, y de bajo
de centenares de gárgolas que adornan una de las iglesias más grandes de Ecuador.
Como en la comodidad de uno de los mejores hoteles del mundo se acomodaron y se
despojaron de todo lo que los cubría, contar o relatar que hicieron el amor
sería una falta de respeto para su historia, se comieron vivos, se tocaron
hasta el alma en besos que descubrieron lugares que jamás había encontrado en
el perfecto cuerpo de un ser humano. Juntos eran el uno para el otro, se dieron
cuenta lo diminuto que es el tiempo en un amor tan grande, se dieron cuenta que
la vida tenía una razón de ser, y que no había nada más que importe, solo los
dos, solo ella, él, sus labios y todo el placer del universo en un solo cuerpo.
Luego
de recordar el momento más especial de su vida Lía lloraba.
Y
le gritaba que por qué,
-
Por qué te alejas de mí, porque no
quieres estar conmigo. Sí me sentiste esa noche en lo más alto, soy real, me tocaste te toqué, sentía tu cuerpo, sentía
tus labios y tú los míos.
Josué
con un suspiro profundo tomó sus manos y mirándola a los ojos le dijo:
Hoy
me di cuenta que eres real, que mi enfermedad terminó y lo hice gracias a ti,
mi esquizofrenia se fue y a ti te debo todo Lía.
Ella
con un alivio repentino sonrió, aún con lágrimas en los ojos, pero con una fe
inesperada y le respondió:
-
Lo sabía, sabía que ibas a recuperarte
Mientras ellos hablaban el celular de
Lía empezó a sonar, eran sus amigas, Lía indignada de la vida y consternada
tomo lentamente su celular, con lágrimas
en los ojos y contestó. Era su amiga. Lía comenzó a escucharla, y cada
palabra que escuchaba la sentía como mil
puñaladas atravesando su cerebro mente y corazón.
Ella colgó y todo colapsó,
lo miró frente a sus ojos, no por última vez, pero sí de esa manera.
Lía comenzó a recordar
y a sentir que aquel hombre que amo toda su vida fue producto de su
imaginación, mientras lo veía frente a él abría la puerta de su cuarto y se
marchaba. Lía cayo desplomada en su cuarto.
Josué jamás existió fue
su angustioso deseo de encontrar a amor de su vida, que su mente creo al amado
Josué. Él no era quien padecía de esquizofrenia, era Lía quien la tenía, y él
solo intentaba decírselo.
Hoy
en día la hermosa Lía se encuentra en una sala del hospital San Lázaro junto
algunos jóvenes con problemas mentales, de la linda mujer solo quedó el rastro,
su cara cansada y acabada muestra el daño que le causo Josué un hombre que
jamás paso por este mundo, solo por el mundo vivo de Lía, quien aun lo mira y
conversa de su eterno pero imposible amor...
FIN.
PAÚL LÓPEZ ENCALADA
PAÚL LÓPEZ ENCALADA





