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miércoles, 10 de febrero de 2016

AMOR ESQUIZOFRÉNICO

En medio de risas, papeles y un gran espacio verde se encontraba Lía, una joven mujer que está por culminar su ciclo universitario. Lía se encuentra acostada en el suave césped de un parque al norte de Quito, ahí sus amigas realizan uno de los trabajos finales, la joven mujer se encuentra exhausta por la cantidad de trabajos que ha presentado y tiene que presentar para el fin de semestre.

Antes de que sus amigas la despierten Lía comienza a sentir en su mente el aroma de ese hombre. Aquel chico que siempre aparece y desaparece de sus sueños.

Hasta que se sumergió en aquel sueño que en muchas ocasiones le provocó el llanto, por las diferentes sensaciones que despertaban por su mente.  Esta linda mujer de ojos chinos, estaba ahí abrazando a su misterioso joven,  los puños de esta mujer desvanecida en pasión y dolor se tornaban fuertes y demostraban toda la energía que tenia en su mente y alma. Sus labios rosaban su mejilla izquierda mientras le respiraba con cautela su oreja. Aquel caballero jamás dejó mostrar su rostro. Lía tenia un objetivo, llegar a sus labios y mirar su rostro, mientras Lía espaciosamente desplazaba sus rojos y carnosos labios hacia su boca, él también comenzó  a seguirle el juego y viró su rostro lentamente hasta que sus labios se encontraron, cuando Lía abría sus ojos, para ver a tan anhelado sujeto,  un grito ensordecedor y una luz segadora se hicieron presente en la mente de aquella cansada mujer.

Era su amiga

-          Lía, Lía vamos mija levántate, recuerda que eres tu la que tiene que realizar el trabajo de campo en la Basílica, vamos Lía ya despierta. 

Lía un tanto molesta y sorprendida tomó su destino.

Ya en una de las puertas principales de la majestuosa Basílica se encontraba Lía observando cada rasgo y detalle de aquel lugar, sus ojos claros y cafés denotaban mucha concentración.  Mientras comenzaba a tener esas sensaciones de duda, malestar, felicidad, tristeza, eran los mismos sentimientos que tomaban su mente cuando dormía y soñaba en aquel personaje misterioso.  

De repente, Lía sintió un viento en su espalda y parte de su lado izquierdo del cuello. Ella giró su cabeza lentamente para mirar si alguien se encontraba tras ella. No había nadie nada más el gran patio trasero de aquella Iglesia. Observo el otro lado y tampoco había nadie, suspiro un momento mientras cerraba los ojos. Otro viento brusco en su cuerpo y su piel se erizaba de temor y preocupación. De inmediato giró su cabeza a lado derecho, ahí se encontraba un chico con la mirada perdida sentado tranquilo, sin apuro, sin prisa solo viendo un punto.

Lía lo miró con mucha atención y en su mente se preguntó, será aquel hombre de mis sueños pasajeros. Regresó a mirar el portón que analizaba, regreso su vista nuevamente hasta aquel misterioso sujeto, y ahora él ya no presentaba ningún rastro.

Lía se preguntaba si fue un lapsus mental, o su mente estaba en otro lugar, se giro por completo y estaba él caminando lentamente y subiendo unas antiguas escaleras de piedra, Lía no pudo resistir esa sensación de intriga y se dispuso a seguirlo, hasta que llegaron a una esquina de la intemperie en donde se mostraba una rancia puerta ahí se detuvo aquel misterioso chico, Lía se mostraba impávida. Se quedaron varios segundos quietos. Él frente aquella puerta frío y estático y Lía tras de él intentando decir algo.     

Su brazo se lleno de decisión y lo levanto para sentir su hombro, lentamente lo toco y le dijo.

-          Te conozco, te he visto en algún lado, a lo que el solo regresa a ver y le dice. Sí. Soy yo.
Juntos bajaron hasta un bar en plena luz del sol, charlaron hasta cansarse, era como que se conocían de años.

Lía menciona.

-           Que hacías aquí, porque te mostraste tan misterioso, como te llamas, aquel intrigante ser humano le dijo.
-             Mi nombre es Josué y disculpa esa es mi manera de ser, de estar, de existir, más no de vivir, miro a las personas como pierden el tiempo, como intentan de ganarle al tiempo, corriendo, peleando, yo solo me mantengo aquí, y ya. Se pronunció Josué.

Mientras su charla reflejaba el entorno cálido y caluroso. Lía le dice.

-          Te vas, él responde  -  sí. Y cuando nos volveremos a ver, yo te quiero ver una vez más menciona con angustia Lía. Él le menciona. -  Toma mi número llámame cuando desees, y ahí estaré, fue un gusto el conocerte, finalizó aquel joven llamado Josué.                

Mientras lía lo veía partir sus amigas cruzaban el camino con aquel hombre que siempre soñó, Lía se sorprendió y mientras las saludaba, les dijo, lo vieron sus amigas intrigadas mencionaron a quién. Ella dijo a Josué, él estaba junto a ustedes mientras se marcho. Lo vi, no solo era un sueño, recuerdan de aquel muchacho que apareció en mis sueños lo vi, hable con él, lo abrase., lo sentí y saben que es lo mejor que nos volveremos  a ver puntualizó Lía con una mirada tierna y llena de ilusión.   
   
Sus amigas solo la acompañaron en su felicidad, mientras continuaban platicando sobre su tema de investigación para la universidad y sobre aquel Josué.

Lía llega a su hogar se recuesta en su cama y cierra los ojos. Esa noche no lo soñó, al día siguiente, salía apresurada de su clase hacia su casa, debía almorzar y marcharse a continuar con las tareas de la academia, cuando de repente una vez más apareció Josué, su suspiro se sintió de la nada, como de la nada apareció su tierno y eterno hombre.

Lía se acercó a él de inmediato y le dijo.

-          Te estado llamando como no tienes idea, él respondió, no tengo mi celular mi Lía, se me a extraviado, que suerte la mía el encontrarte, pronunció él mientras su rostro no decía lo mismo. Ella respondió sabes me encantas mi sentir, mi mente se esta empezando a bloquear porque no te encuentro en mi espacio, necesito de ti para tener oxígenos en mis pulmones. Tu rostro, tus ojos tus brazos, tu cuerpo me encantan, eres único eres lo que e soñado toda mi vida, no me importa de donde saliste, quien eres solo se que estas aquí y tengo que quedarme junto a ti para siempre.       

Josué no sentía bien con tantas palabras de cariño y afecto hacia él. Y le dijo.

-          Lía espera , tu no entiendes, tu a mi me gustas y mucho me pareces linda hermosa, tus palabras me enamoran, siempre he pensado en una chica que me diga y me trate de tal manera, es impresionante como tu y yo nos miramos y conversamos como que nos conocemos tanto tiempo, pero precisamente ese es mi temor, mira Lía yo tengo un problema, tengo una enfermedad, soy un joven que sufre de esquizofrenia, y tengo miedo de que seas una de esas cosas que pasan por mi cabeza, no se si eres real, o simplemente eres producto de mi imaginación, de la alteración de mis neuronas. Yo se que para ti puede ser absurdo, pero me e tratado con muchas personas, y tengo que vivir con esto. Perdóname pero no estaría seguro de si eres tú o eres mi mente nada más.

Antes de que Josué siga explicando a Lía el porque de su actitud, y forma de ser ella grito mirándolo a los ojos.

-          No! Yo soy real mírame siénteme, tócame, huele mi aroma, esa soy yo no te alejes de mi yo te demostrare que soy real, que tu eres real, que nuestro sentir, ese cariño que siento por ti es más real que las palabras que te estoy diciendo, puntualizó la joven ya enamorada y desesperada, mientras lo besaba con dolor y melancolía.  
       
Mientras caminaban se sentaron en la banca de un parque al sur de Quito, cuando conversaban, Lía recibió una llamada.

 – Espérame, le dijo a Josué, era su padre, Lía de inmediato respondió y le dijo que le habla más tarde que estaba un poco ocupada y que esta bien que no se preocupe que ya va a la casa. Colgó de inmediato, mientras apareció una de sus compañeras de clases. 

Alexandra, hola!, ven, ven, estoy con Josué, te acuerdas de él, su amiga respondió con una sonrisa burlona, sí el chico de tus sueñas. Lía dijo sí, ven. Cuando ellas dieron la vuelta para saludar al misterioso joven, él ya no estaba ahí, él ya no estaba.
     
Lía regresó a su casa consternada y triste porque no pudo despedirse con Josué, pero tenia la fe que lo iba a volver a ver. Se recostó en su cama y pensó eternamente en su rostro.
Mientras tanto Alexandra se había reunido con sus compañeras de la universidad.

Ya en la puerta de la casa donde estaban reunidas, Alexandra dijo.

-          Muchachas yo estoy preocupada por Lía, ellas respondieron, porqué. Alexandra les contó lo ocurrido en el parque. “Ahí no había nadie y ella me dijo que él estaba ahí, Lía estaba muy rara. Además yo converse con la señora del bar, en donde nos encontramos para culminar nuestro trabajo y la señora que atiende me consultó por Lía, me dijo si ella estaba bien, porque antes de que vayamos ella estaba hablando sola. 

Inmediatamente  sus amigas llamaron a Lía por el celular querían hablar lo más rápidos posible con ella.   

Minutos antes Lía seguía acostada en su cuarto ya era de noche y el frio era intenso en el sur de la Capital ecuatoriana. Ella estaba relajada casi dormida, cuando escuchó que la puerta de su dormitorio se abrió bruscamente, Lía se levantó asustada y observó la puerta, era Josué, ella respiró, y sintió tranquilidad, le preguntó.

-          Como llegaste mi amor, que haces aquí, él respondió
-          Me vengo a despedir mi amada, mi amor eterno y platónico. Lía de una manera desesperada lo abrazo y se botó a sus brazos diciéndole que no le diga eso, que es una mala broma, que él  no sabe lo que le dice.

Josué le dijo:  No se si eres tú o soy yo, no debo estar aquí, siento que este sentimiento será eterno y no quiero que eterno sea nuestro sufrimiento.

Mientras Josué miraba los ojos destrozados de su amada Lía, recordaron en un solo instante, los momentos fugases que pasaron en una sola semana de pasión, no solo la plática en el bar o el encuentro en la Bacílica, o los encuentros inesperados en los parques de Quito, su amor y pasión habían llegado a un nivel tan privilegiado que juntos había experimentado el placer de la vida en sus cuerpos.

Fue la noche anterior de su último encuentro, en el mismo lugar donde se encontraron por primera vez. Ella fue a visitarlo, lo tomó se su mano y solo y sin decirle nada corrieron hacia las gradas fúnebres y antiguas de la majestuosa Bacílica. Con temor y nervios subían juntos, cada peldaño, mientras los extranjeros bajaban después de conocer uno de sus lugares favoritos.

Ya casi cerca de una de las torres antes de subir las gradas más empinadas, Lía se detuvo, miró a Josué y suspirando le dijo…

Te amo.

Él cerró los ojos y la besó, con sus dos manos acariciaba el rostro de Lía, mientras sentía sus lágrimas caer. Cuando los dos terminaron tan infinito y eterno beso, alzaron la mirada y en su entorno se respiraba el aire del atardecer quiteño, en medio de ellos la nostálgica caída del astro rey, y el semblante engrandecedor de la noche que los cobijaba desde ese instante.

Rápidamente Josué jaló de la mano a Lía, alguien venia, subieron la última torre. Y allí mientras el sol dejaba de existir entre el cielo capitalino, y la frescura de la noche ponían la pile de gallina  a estos dos locos enamorados, comenzaron a fundirse en besos, besos que quizás ni en otras vidas se sentirán tan dulces como en esa noche, en esa torre, y de bajo de centenares de gárgolas que adornan una de las iglesias más grandes de Ecuador. Como en la comodidad de uno de los mejores hoteles del mundo se acomodaron y se despojaron de todo lo que los cubría, contar o relatar que hicieron el amor sería una falta de respeto para su historia, se comieron vivos, se tocaron hasta el alma en besos que descubrieron lugares que jamás había encontrado en el perfecto cuerpo de un ser humano. Juntos eran el uno para el otro, se dieron cuenta lo diminuto que es el tiempo en un amor tan grande, se dieron cuenta que la vida tenía una razón de ser, y que no había nada más que importe, solo los dos, solo ella, él, sus labios y todo el placer del universo en un solo cuerpo.

Luego de recordar el momento más especial de su vida Lía lloraba.

Y le gritaba que por qué,

-          Por qué te alejas de mí, porque no quieres estar conmigo. Sí me sentiste esa noche en lo más alto,  soy real,  me tocaste te toqué, sentía tu cuerpo, sentía tus labios y tú los míos.                    
Josué con un suspiro profundo tomó sus manos y mirándola a los ojos le dijo:

Hoy me di cuenta que eres real, que mi enfermedad terminó y lo hice gracias a ti, mi esquizofrenia se fue y a ti te debo todo Lía.

Ella con un alivio repentino sonrió, aún con lágrimas en los ojos, pero con una fe inesperada y le respondió:

-          Lo sabía, sabía que ibas a recuperarte     
     
  Mientras ellos hablaban el celular de Lía empezó a sonar, eran sus amigas, Lía indignada de la vida y consternada tomo lentamente su celular,  con lágrimas en los ojos   y contestó.  Era su amiga. Lía comenzó a escucharla, y cada palabra que escuchaba  la sentía como mil puñaladas atravesando su cerebro mente y corazón.

Ella colgó y todo colapsó, lo miró frente a sus ojos, no por última vez, pero sí de esa manera.   
Lía comenzó a recordar y a sentir que aquel hombre que amo toda su vida fue producto de su imaginación, mientras lo veía frente a él abría la puerta de su cuarto y se marchaba. Lía cayo desplomada en su cuarto.   

Josué jamás existió fue su angustioso deseo de encontrar a amor de su vida, que su mente creo al amado Josué. Él no era quien padecía de esquizofrenia, era Lía quien la tenía, y él solo intentaba decírselo.


Hoy en día la hermosa Lía se encuentra en una sala del hospital San Lázaro junto algunos jóvenes con problemas mentales, de la linda mujer solo quedó el rastro, su cara cansada y acabada muestra el daño que le causo Josué un hombre que jamás paso por este mundo, solo por el mundo vivo de Lía, quien aun lo mira y conversa de su eterno pero imposible amor...           




FIN.



PAÚL LÓPEZ ENCALADA

CARTA A MI PADRE

27-04-2009

CARTA A MI PADRE
Padre:

Talvez es el hecho de que cuando fuiste un niño, si lo tuviste, si  lo abrazaste, si encontraste en él un refugio que en otra persona jamás lo hallarías; ¿pudo ser acaso ese el factor por el cual no te importo dejarnos solos?; pues pienso que sí; porque no pensaste en cual iba a ser mi sufrimiento al enfrentarme el día a día a una realidad que no creía, el sentirme incompleto, amado por una madre que me dio todo pero olvidado por un padre que me lo negó, talvez no pensó en mi cuando se fue, porque solo quería huir de los problemas asumiéndome como uno de ellos.

Recuerdo en la escuela en cada una de esas terroríficas y asfixiantes  competencias deportivas en las que padre e hijo luchaban por demostrar su cariño fuerza valor y superioridad a los demás profesores y compañeros; yo admiraba a cada uno de ellos y recolectaba las mejores cualidades de cada uno; y creaba un padre, un padre de sueños mi padre perfecto. Talvez al dejarme no pensaste en eso porque nunca lo viviste y te entiendo porque simplemente no lo as vivido.

Pero bien no te e querido reprochar ni fastidiar, solo e querido que sepas que tienes un hijo; y aunque han pasado más de dos décadas, es normal en cualquier, hombre que te espere con los brazos abiertos hasta este momento, ¡quizá para sentir el calor de padre antes de morir! Lamentablemente yo no soy cualquier hombre y no necesito el calor de ningún padre, aun más si fuese el tuyo; puesto que ese vacío lo ha sabido llenar muy bien la mujer que en realidad me dio la vida y a la que tú también abandonaste ella fue y será por siempre mí único padre.    







  

viernes, 12 de agosto de 2011

LAS PRIMERAS VOCES DE RELATORES EN EL MUNDO



Nos cuentan los partidos del domingo y así nos envían al paraíso de la fantasía. No sacan conejos de la galera, pero igual hacen magia. Primero fue Fioravanti, luego Muñoz y más tarde Víctor Hugo. Los relatores, integrantes de una cultura que irrumpió en la Argentina hace casi ochenta años y todavía hoy sigue emocionando.

Da temor verlos. Asustan. Parece que estuvieran a punto de escupir los pulmones y caer redondo encima de los viejos de la platea. Ahí andan ellos, la camisa totalmente abierta, arrugada, los pelos embarullados, anchas gotas de sudor resbalándole en el rostro, la mano enlazando el micrófono, el cuello hinchado, colorado de euforia, las venas que quieren escaparse. Y el grito de gol que se prolonga y rompe los límites del tiempo. Vértigo, velocidad, improvisación, imaginación, potencia. Mentiras. Exageraciones.


Los relatores radiales de fútbol alcanzaron en Argentina un papel mayor que el simple hecho de contar un partido de fútbol. Armaron una cultura nueva. Se diferenciaron del resto de la gente que hace periodismo deportivo y fundaron algo así como un gremio abstracto. Porque no son periodistas. Son relatores. Y recién después se nombra al comentarista, ayudante de campo, vestuaristas o estudios centrales. Es el relator. El cartero de la mentira y la exageración, que nos dibuja en la imaginación cómo Gallardo sorteó la marca de Bermúdez o cómo Gatti descolgó una pelota del ángulo.


Esta cultura se inició en el país el 2 de octubre de 1924, y casi por accidente. Jugaban Argentina y Uruguay. Y Horacio Martínez Seeber y Atilio Casime informaron a los escuchas acerca de las incidencias del encuentro, que ganó Argentina 2 a 1. Se dice que lo hicieron informalmente, un relato ni siquiera parecido al que hoy se escucha. Ingenuos, no tenían ni idea lo que ellos mismos acababan de comenzar.

El primer partido que se relató completo fue Sportivo Barracas contra Estudiantil Porteño, en 1927. Lo relató Tito Martínez Delbox.

Alfredo Aróstegui fue a quien primero se le colgó el cartel de narrador futbolero. De narrador futbolero profesional, por así decirlo. Aróstegui llevó a las casas argentinas los Juegos Olímpicos de Ámsterdam 1928 y por eso se ganó el apodo de El Relator Olímpico. Le costaba bastante seguir las acciones. “Una serie de pases intrascendentes en el mediocampo”, prefería decir y salir del paso.

La tarde llegada de los diarios a los hogares y la no presencia de la televisión transformó a la radio en el primer medio de consulta y entretenimiento. Era una gustosa obligación sentarse en la mesa de la cocina, mate y galletitas, a escuchar los episodios de un partido que se jugaba a largos kilómetros de distancia. Y partidos muy importantes, además. Luis Elías Sojit, por ejemplo, fue el encargado, a través de Radio Splendid, de contar lo ocurrido en la Copa del Mundo de Italia 1934.

Tal vez fue en la década del 40 cuando el relatar se vistió con el traje del arte.

Porque apareció Fioravanti. Joaquín Carballo Serantes -sólo según su documento- presentó un carné diferente al que todos habían presentado. Se elevó por encima del resto. Fue el invitado especial de todas las familias futboleras, que lo dejaban ingresar a sus casas todos los domingos. Le ganó además el duelo que protagonizó con otro grande: Eduardo Pelliciari, el Lalo que jugó para Rivadavia primero y Mitre después.

La hegemonía de Fiorovanti se enterró en el recuerdo de la gente cuando surgió, allá por 1960, José María Muñoz. Inventor de las conexiones, amigo de todo gobierno de turno, El Relator de América mantuvo al público futbolero pegado a la radio durante casi 20 años y fue además la voz del Mundial de Argentina 1978. Enjuagaba la voz con una polenta tremenda, acaso su arma más eficiente.

Después vino Víctor Hugo Morales, el nombre que le ganó al apellido, uruguayo, talentoso además. Fue el tercer eslabón de una cadena de monstruos. Primero Fioravanti, luego Muñoz y por último él. Algo así como Di Stéfano, Pelé y Maradona, reyes en sus actividades y en sus épocas.

Víctor Hugo gozó de su punto más alto durante la década del 80. Voz cavernosa, ahuecada, enérgica, transmitió para medios argentinos los mundiales del 82, 86, 90, 94 y 98. Y en México 86 pintó lo que para muchos es su obra maestra. Dibujó con el pincel de sus cuerdas vocales y su llanto el segundo gol de Maradona a los ingleses en el corazón de todo argentino.

Todavía se escucha aquella poesía:
“La va a tocar para Diego, ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, y deja el tercero y va a tocar para Burruchaga... ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio!... ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta... y Goooooool... Gooooool... ¡Quiero llorar! ¡Dios santo! ¡Viva el fútbol! ¡Golazo! ¡Diego Maradona! Es para llorar, perdónenme... Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos... barrilete cósmico... ¿de que planeta viniste? Para dejar en el camino tanto inglés, para que el país sea un puño apretado, gritando por Argentina.... Argentina 2 - Inglaterra 0... Diegol, Diegol, Diego Armando Maradona... Gracias Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lagrimas, por este... Argentina 2 - Inglaterra 0...”

La gran cantidad de radios que se abocaron al fútbol abrió el espectro para la llegada de montones de relatores. Desde principios o mediados de la década del 80: Atilio Costa Febre, Héctor Caldiero, Jorge Bullrich, Juan Carlos Morales -perdió con Víctor Hugo el cetro que dejó El Gordo Muñoz-, José Gabriel Carbajal, Osvaldo Webhe y Walter Saavedra, entre muchos otros. Y desde principios de los 90 hasta los días que ahora corren, Alejandro Fantino y Sebastián Vignolo, tal vez los más destacados.

Hoy, acaso el único que pide permiso para sentarse en el sillón que todavía ocupa Víctor Hugo es el desenfadado Mariano Closs.

El locutor y escritor Pablo Molinari plantea en uno de sus delirios la siguiente cuestión:
“Cuesta creer que los relatores de fútbol no tienen, como imperiosa necesidad de la excelencia en su oficio, un pacto con el Diablo. Si no, ¿cómo se explica la exactitud con la que estos hombres son capaces de anticipar una jugada, incluso muchos segundos antes de que ocurra? (...) Si tal es la infabilidad de los pronósticos de los relatores, los jugadores no son más que simples piezas de ajedrez destinadas a cumplir los deseos del tipo de la radio. Así, pues, los futbolistas carecen de decisiones propias: todos sus actos responden a la imaginación del relator”.

Tal vez así sea. Y en realidad todos nosotros somos víctimas del antojo de unos tipos que hablan rápido, escupen mentiras y nos hacen felices todos los domingos. 







Fuente : http://www.boletinargentino.com/index.php?p=135

IGNACIO FUSCO
superfutbol@superfutbol.com.ar 






miércoles, 1 de junio de 2011

Lo que importa es llenarse

E
 n una cálida mañana del mes de junio en la congestionada capital de los ecuatorianos apenas se podía visualizar a  Sara, una joven de 20 años que se encontraba entre la multitud, ella impaciente y  arrimada en una de las inmensas paredes que sostenían el clásico  puente del guambra esperaba por Javier Cevallos, su novio quien la invitaría almorzar.
Ya como es de costumbre en los quiteños,  Jorge llegó diez minutos tarde de lo que habían acordado en la mañana, con sudor en la frente y no precisamente por llevarle el pan al hogar, sino por la carrera que realizó desde la Casa de la Cultura hacia donde se encontraba su ya enojada chica.
Después del inmenso y lujurioso saludo estos dos enamorados universitarios ingresaron a uno de los sitios de comidas chatarras más concurridos por los quiteños  “las chancrosas” ; y es que así como esta pareja de estudiantes, miles y miles de hombres y mujeres consumen este tipo de alimentos y en su gran mayoría jóvenes, así lo asevera el doctor Cesar Oviedo.
Este especialista en gastroenterología demuestra que tanto la anatomía del hombre y de la mujer no determina quién puede llegar a consumir más estas comidas chatarras, pero lo que sí determina es que precisamente la juventud manipulada por la publicidad y la prisa están más expuestos al consumo de estos alimentos.
Luego de que Sara concluía con su hasta entonces “almuerzo” nos comento que es Javier quien siempre la incentiva a comer hamburguesas, salchipapas o hot dogs; “De hecho a mi no me gusta comer esto porque me hace full mal para mi gastritis; y si lo hago es porque mi amor le encanta”. Al respecto Javier estudiante de gastronomía en la Universidad Tecnológica Equinoccial (UTE) menciona que siempre es bueno variar y que lo hacen por economizar
Para Lorena Valencia, propietaria del Bar Antojitos Cafeteros no hay una diferencia en quienes consumen más comida chatarra si ellas o ellos, pero de lo que siempre me percato es que vienen parejitas, “la mayoría son novios, ellos deben de estar tranquilos porque en mi local no hacemos comida chatarra, las salchipapas, hamburguesas y arepas que hacemos son de buena calidad” mencionaba Doña Lorena mientras freía un par de buñuelos con un aceite un tanto negro.
      
 Crónica: Paúl López

martes, 29 de junio de 2010

Fotoperiodista deportivo del Reino Unido ALEX LIVESEY

Livesey ganó el segundo premio deportes, fotografías de acción, fotografías individuales.


Fotografía capturada por Alex Livesy: Evra del Manchester U. recuperando una pelota

Para Alex Livesey el fotoperiodismo se consolida como un elemento crucial y autónomo en el manejo de información.

En el prologo del manual de fotoperiodismo de Ulises Castellanos, Vicente Leñero enfatiza -nuevamente - la necesidad de ver a la relación fotógrafo-periodista de pluma, como una de codependencia y no de subordinación.
                             Fotografía capturada por Alex Livesy: Gol marcado por Cristiano Ronaldo (portugues del Manchester U.)

A decir verdad, pese a que el texto de Leñero pretende ubicar al fotógrafo a la par del reportero, otorgando a ambos el título de periodistas; la realidad es otra.

Es un entendido común que la fotografía tiene como razón de ser, la de acompañar un texto. Esta situación obedece -en parte -, a la falta de atención que las universidades e instituciones edicativas.
Al no existir un grado académico en la fotografía, se le relega a un segundo plano; se le ve como un condimento de la nota principal.
                                                                         Fotografía capturada por Alex Livesy

Fuente:http: //www.tumblr.com/tagged/Fotoperiodismo

lunes, 28 de junio de 2010

RESUMEN DE LA PELICULA SIN CITY

RESUMEN DE LA PELICULA SIN CITY



Esta película es una de las mejores hechas en el cine; pues es impresionante como dentro de una ciudad se reúnen todos los asesinos, prostitutas, policías corruptos y mafiosos. La narración se divide en cuatro historias —o tres, si consideramos la última una mera continuación de la primera— con un escenario común: la sórdida ciudad de Basin City, con su viejo barrio —el Old Town—, en una época indeterminada, podría ser el pasado o podría ser un futuro apocalíptico, pero en cualquier caso parecen los años 30 ó 40. Todas ellas presentan un reparto espectacular: Clive Owen, Bruce Willis y Mickey Rourke, los protagonistas, están acompañados de Elijah Wood y bellezas como Jessica Alba, Brittany Murphy o las «debutantes» Rosario Dawson y Carla Gugino.


Estas cuatro historias se podían presentar de varias maneras: contando historia por historia como si fueran películas independientes o intercalándolas, mezclándolas entre sí de manera que al final todo adquiera sentido. Eso se llamó Pulp Fiction y para ello hay que tener un talento descomunal como el de Quentin Tarantino. Robert Rodríguez es muy amigo suyo, lo intenta, pero, señores, no es lo mismo, así que eligió la manera más fácil: las tres historias seguidas y luego una cuarta que completa la primera y en la que se limitan a aparecer algunos personajes de las anteriores, más como un «cameo» que otra cosa.


Las tres historias entrecruzadas, la de un exconvicto que trata de averiguar quien ha asesinado a la prostituta que pasó la última noche a su lado, la de un asesino a sueldo que trata de impedir los chantajes de un policía corrupto y por último la historia de un buen policía que trata de salvar a una bailarina de los abusos del hijo de un senador.

martes, 15 de junio de 2010

ARQUETIPOS DE LA ESPACIALIDAD

Los grandes arquetipos de la espacialidad son la centralidad que la podemos ver representada en la torre de la catedral, la dualidad en la parte lunar y en la parte solar, la tripartición en las torres.

El Intihuatanas o monolitos donde se unen los tres mundos que son el mundo del cielo de la tierra y el espiritual, el axis mundis lo podemos ver en relación al monumento de la independencia que corresponde a una visión de los pueblos por elaborar estructuras que representen la conexión de la tierra con el cielo.

Un Mandala contiene todos los arquetipos antes mencionados además es un mecanismo de meditación simbólica, el Mandala más representativo que nosotros lo podemos encontrar y comprender es la estrella QUITU CARA.